... y ahora quien podra defendernos?

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Muy buenas tardes, amigas y amigos.
Muy estimadas, muy estimados participantes, representantes en esta XXVIII Conferencia Internacional para el Control de Drogas, IDEC.
Estimado licenciado Roberto Borge. Gracias por sus palabras y por su hospitalidad, Gobernador de Quintana Roo.
Señora Michele Leonhart, Administradora de la Agencia para el Control de Drogas de los Estados Unidos, la DEA.
Señor Gories Mere, Director Ejecutivo del Consejo Nacional Antinarcóticos de Indonesia.
Distinguidos participantes, sean todos bienvenidos a México.
Saludo, también, a las autoridades civiles y militares en Quintana Roo; a las y a los legisladores que están aquí presentes; a muy distinguidos invitados especiales, también.
Amigas y amigos todos:
Es muy satisfactorio el estar esta tarde con ustedes, en la Clausura de esta XXVIII Conferencia Internacional para el Control de las Drogas. Es siempre un gusto recibirles aquí, en México, particularmente en este bello punto del Caribe mexicano, y más cuando se trata de dialogar para encontrar nuevos mecanismos que nos permitan sumar esfuerzos frente a este desafío que nos compromete a todos.
Sé que han tenido muchísimo trabajo y que han estado muy ocupados estos días, como bien ha dicho la señora Leonhart, y que eso mismo les ha impedido poder disfrutar de las playas de la Riviera Maya, de la arena blanca que hemos dispuesto para ustedes, del mar azul, de una temperatura que nos costó un poquito de trabajo regularla, pero que ya está adecuada. Pero esa, créanme amigas y amigos, es una omisión que se puede corregir rápidamente.
Así que, espero que tengan ustedes la oportunidad de disfrutar esta tierra, de la cual estamos muy orgullosos, del Caribe mexicano, de la Península de Yucatán. De esta tierra nuestra que es poseedora de la cuarta biodiversidad más importante del mundo, de las Ruinas Mayas, una de las culturas de las cuales estamos orgullosos; de las pirámides que están entre las maravillas más hermosas del mundo pero, sobre todo, amigas y amigos, de la hospitalidad mexicana.
A nosotros, pienso que culturalmente, nos gusta abrir la puerta de nuestra casa a quien nos visita. Por eso los mexicanos decimos, y lo decimos sinceramente, cuando alguien nos visita: Ésta es tu casa.
Amigas y amigos, para todos ustedes, México es su casa. Sean muy bienvenidos ahora y siempre a nuestro país.
La historia de esta Conferencia, es, sin duda, muy alentadora. El esfuerzo que inició hace casi 30 años y que empezó, por cierto, únicamente con países de América, ha venido creciendo y obviamente, se ha venido fortaleciendo.
Con el paso del tiempo se han unido países de Europa, de Asia, de África, y hoy, esta Conferencia congrega a más de 100 naciones. Esto es una prueba de que más allá de las fronteras, las ideologías, los sistemas de Gobierno y las culturas nos une una causa común: Cerrar filas para la liberar a la humanidad del crimen que se asocia al tráfico de drogas, para liberar a la humanidad, y en particular, a nuestros jóvenes, de la adicción a las drogas que es, a final de cuentas, la nueva esclavitud, la esclavitud del Siglo XXI.
En efecto, el comercio y el tráfico de drogas ilegales es una industria, lo sabemos bien los mexicanos, que roba y asesina. Roba la paz, la estabilidad, la seguridad en nuestras comunidades. Roba el buen nombre de los países en donde operan los criminales; roba de las economías legítimas y de los empresarios y los trabajadores honestos que pagan sus impuestos. Roba de cada país y de cada persona.
Las drogas asesinan también. Asesinan cuando se producen, asesinan cuando se transportan, asesinan cuando se distribuyen y, por supuesto, también matan cuando se consumen.
Las drogas y las bandas criminales que las comercian no han traído sino violencia y destrucción a nuestros países. Nos han traído la muerte, nos han traído tristeza,  y también indignación.  Y, por eso, es tan importante combatirlas, y combatirlas globalmente. Éstas son razones suficientes para dar esta lucha, pero además hay motivos, muchos motivos poderosos.
Muchos hemos asumido este reto, motivados por la indignación y el coraje de saber que hay grupos criminales que ponen en riesgo el futuro de nuestros hijos, que buscan envenenarlos y enriquecerse a costa de ello.
Motivados por la exigencia de padres y madres de familia que sufren todos los días la violencia sin escrúpulos, llevada a cabo por los criminales. Movidos por la urgencia de amas de casa, de jóvenes cansados de la impunidad, e indignados por el desplante violento de los criminales.
Sé que detrás de ustedes, en cada agencia contra drogas en todas las partes del mundo hay, en mayor o menor medida, el justo reclamo de un pueblo que demanda acción, que demanda nuestra acción frente a quienes buscan cancelar el bienestar de las generaciones que nos siguen.
Hemos tenido, en nuestro caso, avances importantes. Y quiero, en primer lugar, agradecer los esfuerzos conjuntos que hemos realizado, y los notables avances que hemos logrado gracias, precisamente, a ese esfuerzo que parte de la responsabilidad compartida.
Junto con países amigos, y con agencias de países amigos, hemos actuado, y hemos avanzado de manera determinante en contra del narcotráfico y el crimen organizado. No obstante, y lo sabemos bien, el desafío es muy grande y queda mucho por hacer.
Hoy quiero aprovechar mi alocución para reflexionar con ustedes y referirme a cinco afirmaciones elementales que, pienso, debemos tener siempre presentes en esta tarea:
Primero. El narcotráfico y el crimen organizado son un problema global, no un problema local o regional. Es un cáncer que afecta cada día a más naciones y las afecta de peor manera.
Un primer mito supondría que el narcotráfico es un problema exclusivo de algunas naciones. La verdad es que ningún país es ajeno y nadie puede considerarse simplemente a salvo.
Hoy ya no es posible asumir que se trata de un problema que sólo afecta a los países que producen drogas, o a los que las consumen, o a los que somos utilizados como puentes entre productores y consumidores.
No es sostenible decir que el negocio ilícito de drogas se termine actuando sólo en los lugares donde se produce, sin realizar un trabajo comprometido por disminuir su consumo y por afectar la logística de su transporte. Tampoco bastan los esfuerzos orientados exclusivamente a interrumpir el flujo entre quienes ofrecen o entre quienes demandan los narcóticos.
El narcotráfico es un problema global. Es un problema mundial que exige también una respuesta global, mundial; una respuesta asumida y compartida por todos los países. Y en ello, nadie puede ni debe rehuir, ni endosar su responsabilidad.
Para ganar esta batalla, como la habremos de ganar, las naciones debemos combatir, al mismo tiempo, la producción, la distribución y el consumo de drogas. Se trata de un poder criminal que destruye vidas, desintegra familias, violenta comunidades y debilita sociedades.
Y si los criminales se ponen de acuerdo y actúan a nivel internacional, qué bueno que nosotros nos organicemos y nos pongamos de acuerdo, también, para actuar globalmente.
De ahí la importancia y, pienso, la importancia creciente de esta Cumbre y de esta Conferencia Internacional Contra las Drogas.
Dos. La lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico necesita toda la atención de los Gobiernos. No es una lucha sólo contra las drogas. Es también, y yo diría fundamentalmente, una lucha contra la violencia y el crimen asociado al tráfico, producción y distribución de droga.
El combate al crimen organizado que las drogas generan debe ser una prioridad para los Gobiernos, porque su proliferación amenaza a los pueblos, amenaza a la seguridad de las familias y amenaza, también, tarde o temprano, la fortaleza de las instituciones.
Habrá quienes, incluso, afirmen que enfrentar al narcotráfico es opcional y que los Gobiernos pueden concentrar su esfuerzo en otras cosas. Eso no es así. El tráfico de drogas se ha convertido no sólo en una poderosa industria criminal a escala global, sino también en una de las mayores amenazas para la convivencia civilizada en el mundo.
Y, es cierto, afecta más dramáticamente a las sociedades cuyas instituciones pueden ser más débiles, incapaces de enfrentarlo. Pero, a final de cuentas, en la lógica de crecimiento criminal que la inacción produciría respecto de las organizaciones criminales, tales organizaciones podrán ser tan fuertes como para desafiar la institucionalidad de cualquier sociedad tarde o temprano.
Estas organizaciones han acumulado a nivel internacional poder de económico y poder de fuego insospechados. Hemos visto cómo utilizan ese poder para corromper a las instituciones, para amedrentar a las autoridades y, sobre todo, para sembrar el terror en las sociedades.
Si algo ha quedado claro en los países que han enfrentado escaladas de violencia, es que quien genera esa violencia son los criminales. Hacia allá debe apuntar el señalamiento indubitable de sociedad y Gobierno, hacia la responsabilidad criminal de quien realiza actos simple y sencillamente infrahumanos, verdaderamente bestiales.
Las organizaciones criminales representan una amenaza a la democracia y a la libertad en todo el mundo. Hacerles frente no es como algunos piensan, una opción prescindible o una opción entre varias, es una obligación legal y es una obligación ética a la que no podemos, ni debemos renunciar.
Actuar aquí y ahora, porque así como hoy se pagan los costos de la inacción de ayer, lo que hoy dejemos de hacer, será mañana muchísimo más costoso y más difícil de arreglar.
Tercero. Una tercera afirmación es que el crimen y el narcotráfico deben combatirse de manera integral. Políticas aisladas, por eficaces que sean, no podrán resolver el problema si no se aplican desde una perspectiva de integralidad.
Ni la Fuerza Pública por sí sola o policiaca, ni tampoco el tratamiento somero de las adicciones por sí solo, o tampoco la apuesta indispensable a la educación por sí sola, puede resolver el problema.
Todas, todas esas políticas son importantes y todas deben ser parte de un tratamiento integral de una estrategia completa y comprensiva.
Si no el atacar el problema desde una sola de las aristas no funciona sino se complementa con las demás. Y debe ser integral también, en el sentido de que debe involucrar a todas las agencias y a todas las dependencias que tengan que ver con el cumplimiento de la ley, con la seguridad pública, con la salud, con la educación, es decir, todo el esfuerzo integral del Gobierno en combatir estos problemas.
Enfrentar, confinar, debilitar, capturar a sus líderes en las organizaciones criminales sí es una condición necesaria, pero no es condición suficiente. Se requiere una amplísima labor social también.
Se  requiere, por ejemplo, combatir fuertemente el lavado de dinero a nivel global, que es un fenómeno paralelo. El lavado de dinero es un hermano siamés del tráfico de drogas y del crimen organizado, que debe combatirse simultáneamente; y, sobre todo, debe actuarse sin descanso en el fortalecimiento institucional y, si es necesario, en la reconstrucción institucional en los países y pueblos.
Estamos enfrentando un fenómeno complejo que tiene muchas aristas económicas, sociales, de salud y de seguridad pública pero, repito, debe abordarse con acciones, con dependencias y con políticas públicas integrales y coherentes.
Dentro de esa integralidad debe estar, sin duda alguna, el control en el manejo de las armas, porque es la base del poder de fuego y la violencia de los criminales. El manejo de las armas constituye la parte más mortífera del poder destructivo de estas organizaciones.
A la par de una política de restricción en el mercado de drogas, debe haber también una política de control en el mercado de  las armas. Pretender controlar el tráfico de drogas y, al mismo tiempo, no controlar,  liberar y, en el caso de algunos grupos, promover abiertamente los intereses de la industria armamentista, constituye uno de los mayores obstáculos y una de las mayores incongruencias, y de las más nocivas, que hoy estamos enfrentando.
El poder criminal se alimenta fácilmente del poder de las armas, y del poder de las armas funda su violencia. En México, por ejemplo, en cuatro años hemos decomisado más de 100 mil armas, en cuatro años, a los grupos criminales. La mayoría de ellas, adquiridas prácticamente sin restricción alguna, a unos cuantos metros o kilómetros de nuestro territorio.
Esa inconsistencia evidente de política pública debe corregirse, porque no puede decidir el lucro de la industria armamentista mundial sobre la vida de las personas, en los pueblos que más sufrimos la violencia de los criminales.
Eso me lleva a una cuarta afirmación en este tema. El combate a las drogas, requiere no sólo de políticas públicas integrales, sino también, de políticas públicas coherentes y consistentes.
Y así como creo que no puede prosperar una política restrictiva en el manejo de drogas mientras se liberaliza el mercado de las armas.  Tampoco puede pretenderse una política restrictiva en la producción o tráfico de drogas, mientras se liberaliza cada vez más el consumo, e incluso, se liberalizan ciertos nichos de la producción de droga.
Es cada vez más difícil de sostener el que se apoya una política de interdicción y restricción internacional de drogas, cuando de manera paulatina, pero sostenida, crece de manera consistente en políticas de liberalización.
Es, por ejemplo, lesivo al esfuerzo de erradicación de plantaciones y cultivos de droga, el que a la vez se permita lícitamente producir droga en otros países. Lo que se le permite a un industrial con influencias, que se le prohíba a un campesino pobre.
Es inentendible, por ejemplo, contener el tráfico de drogas entre los jóvenes en países en desarrollo, cuando se promueven los muy dudosos méritos medicinales, entre comillas, de ciertas drogas en otras naciones.
Yo llamo a todos los países, desarrollados y en desarrollo, a que terminemos con esta dualidad y, en particular, a quienes por su peso, importancia, poder económico o político, o por el lugar que ocupan en el consumo de drogas en el mundo, que es, a final de cuentas, la causa eficiente de esta problemática, a que terminen con esa inconsistencia.
O se combate seriamente toda la cadena de producción, distribución y consumo de drogas por vías restrictivas, o se asume seriamente, también, una responsabilidad global y de liderazgo mundial en la regulación y en el control de drogas por vías de mercado.
Lo que ya no podemos entender es que la inconsistencia crezca en demérito de los enormes esfuerzos que se hacen en muchos países, incluido México, para resolver un problema que es causado, a final de cuentas, por los grandes consumidores en el mundo.
Quinto. El control y combate a las drogas requiere una política agresiva, que reduzca sustancialmente el consumo de drogas, que cambie estructuralmente la tendencia de consumo; que aborde las adicciones, sí, desde una perspectiva de salud, porque de eso se trata, pero que se provoque, también, un cambio cultural que promueva el rechazo y la no aceptación de drogas, particularmente entre los jóvenes.
Parece imposible, pero no lo es. Veamos qué ha ocurrido a nivel global y particularmente en las grandes naciones de consumo, en el caso del tabaco.
Hace algunas décadas, el cine, los medios, la vida social, estimulaba el uso del tabaco. Sin embargo, desde hace dos o tres décadas, sociedades enteras han logrado transformar culturalmente la concepción y los valores arraigados en la sociedad, para mostrar lo que fumar realmente es, es un vicio, y está terminando por ser, en muchos círculos, y qué bueno, una práctica socialmente rechazada.
Sé que no es fácil, pero tenemos que ser creativos para encontrar que algo similar ocurra en el campo de las drogas, particularmente, entre los jóvenes.
Los jóvenes deben saber los efectos nocivos de las drogas. Debemos plantear con seriedad y a título personal, el riesgo. Debemos terminar, por ejemplo, con los conceptos de uso, entre comillas, medicinal, porque, a mi parecer, ello fue una estrategia mercadológica de esos intereses y terminó siendo una trampa cultural.
De estar arraigado en las sociedades la idea, el daño a la salud que provocan las drogas, la mera introducción de una posibilidad medicinal en su uso ha cambiado culturalmente el aprecio sobre las mismas en varias generaciones.
Pongo un ejemplo. Hoy, se difunde el uso asociado de ciertas drogas con el placer de las personas más admirables. Lo mismo estrellas de rock, lo mismo actores y actrices favoritas en la industria del cine, y lo mismo, por desgracia, en campeones olímpicos.
Hoy, la paradoja es que entre los jóvenes universitarios de las universidades más prestigiadas del mundo, por ejemplo, fumar marihuana es realmente lo cool, lo divertido. Sin embargo, fumar un cigarro entre los jóvenes es casi un pecado capital.
Distinguidos delegados:
Hoy, los grupos criminales y las bandas de narcotraficantes están tomando ventaja de la globalización para fortalecer sus redes y ampliar sus espacios de poder.
Para combatir este fenómeno eficazmente es necesario trabajar coordinados e integrados. De ahí el enorme valor del esfuerzo que ustedes han realizado para congregarse aquí, en México, y el enorme valor del esfuerzo que seguramente harán para congregarse próximamente en el querido pueblo hermano de Malasia.
Necesitamos un diagnóstico común, un diagnóstico global que nos permita, precisamente, diseñar estrategias nacionales e internacionales para someter a las organizaciones criminales.
Lo he dicho y lo repito: Mi Gobierno ha estado siempre abierto a la crítica y a la propuesta responsable en el tema. Ninguna política pública, por extraña que sea, nos parece desdeñable desde su principio.
Simplemente, mientras no se muestren alternativas de mayor beneficio, o de menor costo para la sociedad y para las personas, seguiremos siendo contundentes en la aplicación de la ley, en el combate al crimen organizado y en la aplicación de una política integral de prevención, de contención y combate a los grupos criminales, de reconstrucción institucional, en particular, de policías locales, federales, y de Ministerios Públicos en ambos niveles, y de transformación social y cultural, que implica la apertura de opciones educativas, de esparcimiento y de trabajo para los jóvenes, y la búsqueda de un cambio cultural de fondo. A sabiendas de que la nuestra es una sociedad inmersa ya en una cultura de violencia y de pérdida de respeto a la vida, al respeto a sí mismo, y al respeto a los demás.
Puede y debe haber en nuestras sociedades una cultura articuladora del respeto a la dignidad humana, una cultura articuladora de respeto a los valores, y de aprecio por la vida propia, y por la vida de los demás, sin lo cual, difícilmente podrá emprenderse con éxito una tarea tan titánica, como que la todos ustedes llevan sobre sus espaldas.
Nuestra regla es así: Actuar con determinación, cumplir la ley y estar siempre abiertos a escuchar nuevas propuestas y nuevos caminos. Lo que tenemos que hacer es analizar cuidadosamente todas las alternativas viables de política pública al alcance de los Gobiernos y, a partir de ahí, construir los consensos políticos y sociales necesarios para proponer soluciones responsables y de largo aliento a este desafío.
Nuestra responsabilidad como Gobiernos es enfrentar el problema y resolverlo. Es buscar, con inteligencia y creatividad, esas nuevas estrategias, y fortalecer las que tenemos en curso, y que han funcionado.
En el lapso entre ésta y la próxima reunión, hay que mantener abiertos los canales de comunicación para seguir avanzando, sobre todo en las áreas cruciales que aquí han mencionado: en combate al lavado de dinero, en el control en el tráfico de armas, en el intercambio de información e inteligencia a nivel global; así como en la prevención y atención de las adicciones.      
En la reconstrucción del tejido social y en la generación, por un lado, de una nueva institucionalidad que sea eficaz para combatir este problema en las nuevas dimensiones que presenta en el Siglo XXI y, por el otro, buscar y provocar un cambio cultural que frene el crecimiento en las adicciones y en el consumo de droga en las nuevas generaciones.
Es necesario que las naciones trabajemos con unidad de propósito para derrotar de manera contundente a los grupos criminales, y de la misma forma al interior de nuestro país, de nuestros países, forjar los acuerdos que permitan hacer un frente único y sin fisuras contra la delincuencia.
Que cada uno atienda localmente la parte que le corresponda, pero que entendamos todos, que el éxito sólo se puede dar si actuamos globalmente y coordinados a nivel mundial. El combate a las drogas ilegales requiere de la participación de todos.
En México, por ejemplo, aquí, hoy mismo, hay miles de mujeres y hombres valientes que trabajan con arrojo y decisión para minar a la delincuencia organizada. Son policías, son soldados, son marinos que tienen un compromiso profundo con la construcción de un México cierto, seguro, próspero y libre que anhelamos, y por el que luchamos apasionadamente.
Señoras y señores:
No podemos perder de vista que el fin último de este esfuerzo es poner un alto definitivo a situaciones lamentables que nos generan un profundo dolor como comunidad global.
Sin importar el país donde ocurra, no hay mayor dolor para una sociedad que ver caer a sus jóvenes abatidos por asesinos sin escrúpulos. No hay mayor tragedia para una familia, que ver privado de su libertad a uno de sus integrantes.
No hay mayor angustia para una madre, el ver a su hijo perdido en adicciones y esclavizado de las redes criminales que hacia allá lo llevaron. No hay mayor angustia que vivir bajo la zozobra permanente de la extorsión, la amenaza, el secuestro y todos los delitos asociados a la violencia criminal que las drogas traen a nuestras sociedades.
Acabar con esa violencia irracional es lo que nos mueve y es, también, lo que nos obliga a actuar con firmeza, e incluso, a redoblar el esfuerzo contra quienes están detrás de esa violencia.
Por eso, el combate al crimen organizado y al narcotráfico no debe admitir titubeos ni ambigüedades, porque sólo limitan nuestra capacidad de actuar contra los criminales.
Y como lo señalara un mexicano universal, Benemérito de las Américas, don Benito Juárez: Es verdad que todavía habrá necesidad de luchar, porque hay dificultades que vencer. Pero las dificultades no harán más que aumentar la gloria del triunfo, porque es indudable que acabará por triunfar la causa del derecho, que es la causa de la humanidad.
Señoras, señores:
Bienvenidos a México y que el éxito de esta Cumbre sea otro paso fundamental que la humanidad unida debe dar al alcance de la meta común. Que sea un mundo cada vez más humano, donde pueda caber a plenitud, la dignidad de cada hombre y de cada mujer.
Bienvenidos a México y mucha suerte en cada uno de sus países.
Y si me permiten, quiero proceder, y les pido que me acompañen de pie, para hacer la Declaratoria Formal de Clausura.
Hoy, siendo las 14 horas con 40 minutos, del 7 de abril de 2011, declaro formalmente clausurada la Cumbre Mundial México, Integración de un Frente Común Contra la Delincuencia Organizada y la XXVIII Conferencia Internacional para el Control de Drogas, felicitándoles a todos ustedes por el éxito de estas Conferencia y Cumbre.
Muchas gracias.
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