Sucesión Quintana Roo
Carlos me recuerda, físicamente, a su padre. Sobre todo en el encanto de la sonrisa. Es un hombre en plenitud de vida, que ha recibido dones por encima del mexicano común, entre ellos el privilegio de la inteligencia. Tiene una familia estable, hijos sin problemas de salud, una mujer que parecería más activista en política que él. Su situación económica ha estado siempre resuelta, con el agregado de su capacidad para acrecentar todavía más su patrimonio.
Ha conseguido metas que muy pocos, a partir de su realidad, de su entorno, de su circunstancia. Ha sabido ganar, ha sabido sumar, ha sabido flotar en mares políticos complicados. Tiene un espacio en el centro del país que califica y educa para cualquier futuro.
Tiene todo, absolutamente todo lo que cualquier hombre de su edad podría ambicionar. Todo menos la candidatura priísta al gobierno de Quintana Roo.
No la tiene y no la va a tener. Punto.
Por eso uno se pregunta, y en mí que amo entrañablemente a la familia Joaquín, que desde hace 34 años en que conocí a Pedro al bajarme de un avión en la pista de aterrizaje de Chetumal he respetado y asumido como propio el interés de los Joaquín eso tiene un sentido muy profundo, ¿qué necesidad tiene?
¿Qué necesidad tiene Carlos Joaquín de estar en un huracán que no va a poder controlar, en medio de intereses que no le son leales, cerca de quienes no buscan sino su beneficio personal?
La derrota, como el triunfo, se buscan desde el fondo de uno mismo. Hay quien no sabe alcanzar el éxito porque, en el fondo cierto de su ser, no lo desea. Hay quienes no saben ver el gran éxito que ya es su vida y deciden confrontar a los dioses, a los que establecen en algún punto del universo las leyes de la justicia divina. Hay, sobre todo, quienes se pelean con el problema a partir de ignorar la realidad.
Y solamente los ciegos, los sordos, los que viven hace mucho tiempo en otra dimensión, pueden ignorar que en Quintana Roo hay una encuesta, una valoración en singular, que va a imponerse por sobre cualquier otro destino. Y ese voto, que es el voto por encima de todo argumento, no le pertenece ni hoy ni ayer ni dentro de una semana a Carlos Joaquín.
Esto cierra el camino. Otra vez punto. A lo que sigue. Que puede seguir mucho, el tiempo opera a favor de los justos, más de quienes son justos con ellos mismos.
Carlos Joaquín no tiene necesidad de confrontarse con todo lo que ha mamado en el sentido más amplio de la palabra, lo que ha sido su discurso, su plataforma, su espacio vital más creativo y productivo. Porque renunciar al PRI, pelearse con Félix sobre todo, no va a darle la paz del espíritu, la fuerza que necesita.
Y menos todavía le garantiza ganar. Antes al contrario.
Quedarse solo en esta batalla, para cualquiera, es suicida. Para Carlos Joaquín dos veces, dos mil doscientas dos veces.
No hay, se lo tiene que haber enseñado el gran patriarca Nassim, una olla de monedas de oro al final del arco iris. No hay nada que no te hayas ganado con tus manos al final del camino. Y la alternativa es simple: No se dan batallas donde nada que se gana, que se pueda ganar, te signifique riqueza alguna.
Joaquín González es un hombre de bien, de los pocos hombres de bien entre quienes ambicionan el poder político. Aprendió, a fuerza, a verse en su propio espejo. Como arquero que dispara al cielo creció hasta ser dueño de su propio nombre, de su propio destino. Eso es lo que le corresponde honrar, su propia historia.
Y de verdad, darse cuenta, de que no tiene necesidad alguna… Continuar la empresa reventada desde antes, mucho más en la circunstancia de la señora Paredes, de los panistas, de la escandalosa confrontación en el Congreso, de una alianza falta de ideología y de sustento moral, no equivale sino a patear su propio rostro, convertirse en su enemigo mayor…
El PAN, lo ha dicho el presidente Calderón, no elegirá a Greg Sánchez como su candidato, el PRI lo han dicho todos quienes deben decirlo, habrá de escuchar la voz de Félix, ese PRI que todavía puede ganar de calle las elecciones en Quintana Roo no va a elegirlo y él lo sabe… Todavía está a tiempo de optar por la dignidad de la renuncia a una contienda que no está en su tiempo, en este su tiempo de recoger varas…






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